II-UNIDAD DEL GENERO HUMANO
Dice Abdú'l-Bahá: «El primer descubrimiento que hacemos al «buscar la verdad», nos conduce indiscutiblemente al segundo principio: La Unidad del Género Humano».
En tiempos pasados la humanidad se encontraba dividida. Bahá'ú'lláh declaró que en la nueva era deberá cesar esta condición y establecerse la unidad. ¡Oh contendientes pueblos y razas de la tierra» -escribió-, «juntaos y por consideración a Dios decidíos a arrancar todo cuanto sea fuente de discordias entre vosotros! Sois todos frutos de un árbol, hojas de una sola rama. Sois todos uno. La tierra es una sola patria y la humanidad sus ciudadanos. No os jactéis del amor que profesáis a vuestra patria; enorgulleceos, más bien, del amor que tenéis a vuestros semejantes. Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra».
En una charla dada en la Sociedad Teosófica de París en 1911, Abdú'l-Bahá manifestó: «Se debe considerar el mundo como un sólo país, todas las naciones como una sola nación, todos los hombres como pertenecientes a una sola raza. Las religiones, razas y naciones son divisiones hechas por el hombre y únicamente son necesarias para su fantasía. Ante Dios no hay persas, ni árabes, ni franceses, ni ingleses. Dios es Dios para todos y para El toda la creación es una». Los mismos acontecimientos mundiales de la actualidad están forzando a la humanidad a que reconozca y lleve a la práctica este principio, que es el eje, en realidad, alrededor del cual giran todos los demás.
Quien haya viajado en avión, por ejemplo, comprueba que «la tierra es una sola patria y la humanidad sus ciudadanos» porque desde las alturas desaparecen por completo las fronteras nacionales, las diferencias raciales y las divisiones de credos y clases.
Los científicos modernos están ayudando igualmente a poner en primer plano el principio de «La Unidad del Género Humano». Están casi de acuerdo en que todos los hombres tuvieron un solo origen y que las llamadas «razas» no son más que grupos temporales de la única familia humana que, habiéndose apartado del resto y establecido en remotos lugares, han desarrollado diferentes costumbres, modos de vivir y pensar, e incluso distintas características físicas, como resultado de las exigencias climáticas y geográficas. Además, los conocimientos que los estudios de los exploradores y arqueólogos están actualmente poniendo de manifiesto, demuestran que en diferentes épocas, distintos grupos raciales de la familia humana, conocidos hasta ahora como «blancos», «negros», «amarillos», «semitas», «arios», etc., se han ido alternando en la edificación de las grandes civilizaciones, y que no existe evidencia alguna de una superioridad permanente en cualquiera de ellos. Así pues, por todos lados parece que Dios mismo está inspirando para arrancar las falsas doctrinas del pasado y hacer cumplir las enseñanzas de Bahá'ú'lláh. Será en verdad muy difícil enseñar a las generaciones de la nueva era las estrechas tradiciones de nuestros antepasados.
¿La unidad significa entonces uniformidad? ¿Este principio quiere decir que todos somos iguales? Muy al contrario. Bahá'ú'lláh enseña que la misma diversidad de temperamentos, de costumbres, de pensamientos y de capacidades, es causa de alegría y de progreso y está de acuerdo con la ley universal que gobierna todas las formas de creación. «El jardín que halaga a los ojos y proporciona felicidad al corazón, es aquel en el cual crecen juntas flores de diversos matices, formas y perfumes. Lo mismo sucede con los árboles: cada flor, cada árbol, cada fruto, además de ser hermosos por sí mismos, hacen resaltar por contraste las cualidades de los demás y demuestran la belleza específica de cada uno. De igual modo debería ocurrir entre los hijos de los hombres: la diversidad en la familia humana debería ser causa de amor y armonía. Si os encontráis con hombres de raza y color distintos a los vuestros, no desconfiéis y no os encerréis en vuestro convencionalismo, antes al contrario, mostraos alegres con ellos y ofrecedles bondad. Pensad que son flores de distinta coloración, creciendo en el hermoso jardín de la humanidad, y sentíos alegres de encontraros en su compañía».
A la luz de los nuevos inventos y las mejoras en el transporte y las comunicaciones, la necesidad de reconocer este importantísimo principio de Bahá'ú'lláh para la nueva era, se hace más evidente cada día. Abdú'l-Bahá dice:
«En ciclos pasados no podía realizarse la unidad del género humano. Los continentes se encontraban grandemente distantes y aún a las gentes de un mismo continente les era imposible el trato y el intercambio de pensamientos. Actualmente, sin embargo, los medios de comunicación se han multiplicado y los cinco continentes del globo se han fundido en uno solo. Para ninguno es ya posible el bastarse a sí mismo, por cuanto lazos políticos unen a todos los pueblos y naciones, y los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la educación, se fortalecen más cada día. De forma similar, todos los miembros de la familia humana, sean pueblos o gobiernos, ciudades o aldeas, se han hecho cada vez más interdependientes. De aquí pues que la unidad de la humanidad pueda ser realizada en la actualidad. Ciertamente esto no es sino una de las maravillas de esta sorprendente época, de lo cual las épocas pretéritas han estado privadas.»